Arena

Incertidumbre, ritual,

me abrigo con una duda

¿cómo será entonces?

Veré ancianos por las calles,

sentiré la vida dentro… Canto.

Silencios, hablaré, para vosotros,

de latidos, ecos como enjambres,

recogidos en afectos que os impregnan,

polen, miel, pétalos y soles.

Danza en libar la vida.

Cantarán, zumbando, himnos, canciones,

palabras bellas y huecas, con olores, recodos,

tacto y paños de vivos colores,

que resuenen en tu pregunta.

¿Quién fue? ¿Cuándo me conoció? ¿Cómo lo sabe?

Tendré apremio por tus ojos…

nada de leer en ellos tus desasosiegos o emociones.

No quizá, marea plena al pensarlo,

al no verte, en resaca.

No ver tus recuerdos, piel, piensa, labios en un beso.

Como del adolescente, más forzado que robado.

Como del inocente, menos complaciente que deseado.

Las palabras. Mi tarjeta de visita.

Quedarán en el hallarse atado,

epitafio, por recuerdos a la forma

de hinchar por versos mis costillas.

Por versos, no por aire…

¿Cómo será?

¿Cómo me recordarás?

Será un ritual: El miedo de nuevo en la pena.

Penar por temer al miedo.

El olvido es la mejor manera de morir abrazado por la paz de los cobardes.

Me recordarás.

¿Cómo será cuando haya muerto?

No me recuerdes, yo sólo quiero inspirarte.

No me busques, no me halages.

Solo trata de libarme.

No me ames, no me espíes.

Mírame a los ojos, vive… no trates de seguir mis pasos.

Busca caminos más duros, busca,

sí, estaré muerto.

Estaré en en tus palabras, las mudas,

las nacidas al mirarme.

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¿Cómo recordar lo que no se ha vivido?
 
 
Caer en un rostro, existir
con su respiración y con su boca…
Cuando tú estabas en peligro;
tú gritaste, mas fue
en la garganta de otro ser humano;
se levantó tu cuerpo
y fue en los brazos de otro ser humano.
Entonces comprendías.
Y tu necesidad y tu dolor
no fueron nunca como antes. Tú
ya no ves signos. Ahora, tú desprecias
todas las dudas. Y tu pensamiento
no es espejo que calla; ya es amor
y destino y conducta y existencia.
 
Antonio Gamoneda
 

20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

 

(Es Pablo Neruda… quien no haya sentido esto, no ha vivido o no podrá valorar nunca la verdadera compañía)