Qué friooooo!

Qué frio hace esta mañana.
Hubo un día en que una mirada me traicionó, ojos viéndome desde un lado, hombro con hombro, desde la menor de las distancias.
Hubo un día en que otra mirada más me engañó y se engañó. Aún sigue haciéndolo.
He lamentado mucho no ser capaz de saber leer en los ojos de las personas.
Sigo lamentándome, agitándome entre autocondescendencia y susurros sin fuerza. Mis pensamientos me susurran que no debo volver a mirar a los ojos. Hay que aprender a desentrañar las palabras que no se dicen de quien amas y te mira.
Hubo un día en que una mirada me dio la fuerza y la ilusión frente a ese espejo. Hace tanto que ni recurdo dónde guardé los trozos de vidrio en que saltó el espejo en pedazos al parpadear.

Hubo un día en que alguien me miró como sólo se mira a un igual. Sus ojos me dijeron que sería un buen padre, un buen amante, un buen asesino y un mítico y borroso recuerdo a interpretar, según quién contara y quien oyera mi historia. Y me vi reflejado de nuevo. Fuerza, ilusión y ganas de afrontar decisiones que rara vez tomo a solas.

Tengo miedo a parpadear.
Estoy cansado de la gente que se mira en los ojos de los demás sin ser vistos. Por qué no reclaman su derecho a gritar con los ojos? ¿A quién hay que reclamarle? ¿Al que no ve? ¿A quien no lee en sus reflejos cristalinos?
Tengo miedo a mirarme en sus ojos sin ser visto.
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