Tierra y piel

 

 
Luz tamizada, grises filtrados en poso quedan en los restos del olvido. Bosque pequeño que adoro resurgiendo entre columnas. Luz que te lava, me hace ser limpio en ti resonando cuando tengo tu tiempo. Vacuo haz de luz dorada que sustenta tus silencios, en tu eco, no de vacío, de vida pleno. Sí de escucharte, sí de sentirme ser a tu llegada, henchido de fe el desafío. En tu eco, no de vacío, de futuro pleno. No doblegarnos nunca, no ceder al retumbe de lo muerto. Sí de vivirte, sí de olerme en tu regazo, fruido el verbo en ti vivo. Cuando pasen tus oscuros, cuando tu luz regrese, ver de esa dulce espera, luz fresca y sentida. Sí de tenerte, siembra, aferrarme a tus olores, bruñido el hueso por polvo y una hozada volando al golpe, que también jabra la tierra. Cuando acaben tus silencios, cuando vuelva tu energía, comprenderás que no buscaba tu palabra, ni agotar tu vida. Sólo quería oír y ver, juntos. Cuando se acaben los días que nos encuentren llenos de vida, o vacíos de muerte. Pero juntos.
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