Froylán Turcios

(…) Yo he jurado odio eterno a los tiranos

que hacen de su crueldad público alarde;

A esos que alientan corazón cobarde,

con la sangre de Abel rojas las manos.

 
              Froylán Turcios, poeta hondureño. Juticalpa, Olancho,  1875-1943
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El cuello en un beso.

¿Es la seda o es la piel?

Cómo puede saber a mar el carmín que rodea esa sonrisa.

Ese carmín invisible,

ese cuello fino y largo,

solo marcado por una flecha de pelo,

mechón apuntado en la nuca.

Una sonrisa eterna que es nueva,

que ilumina y trae infancia a la decepción de la experiencia.

Cuando las cosas alrededor son frías,

confío mis cálidos miedos a esa piel,

llena de vida en un irrompible, largo y fino cuello.

A veces un atril,

que separa el corazón pausado

de los calambres que bailan por ser ideas.

Son, cada latido, como hermanos de otro tal pensamiento,

como sólidos pies sobre los que saltan notas bailarinas de una sinfonía vivaz…

se apoyan, impulsan y hacen volar deseos.

Es el lugar de mis besos.

Los que no puedo dar.

Los que buscar lejos,

porque no les vuela mi vehemente deseo,

los escalofríos que te adornarían en lugar de ese pañuelo.

La seda, su seda, es mal compañera comparada con mi aliento.

¡Cómo puede hacer tanto frío lejos de ahí!

 

Desierto.

El sol atraviesa el desierto y sobrevive,

hasta que la noche, turbia, sedienta de polvo congela el instante.

La soledad se viste de espera.

Un desierto nos atraviesa. No quiere que le sobrevivamos.

El desierto no es la muerte. Es la carencia de ti.

Que el silencio del desierto te abra el oído.

Que la oscuridad del desierto te abra los ojos.

Que la soledad del desierto te abra el alma.

Solo el sordo, ciego o el muerto, atraviesa lego las arenas.

Hoy pinto como Hopper

Desgrano cada instante.

Muelo cada segundo y lo mezclo con mis pinturas.

Me pinto unas sonrisas alrededor que no pueden quitarme los silencios.

Me pinto una lágrima que me dé apariencia de sentir.

Me pinto en los ojos de alguien, reflejado, cóncavo o convexo, como se diga,

pero me veo en esos ojos, pintado, sin ser visto, sin colores.

Me pinto uñas postizas, música prestada, pelo extendido e ideas plagiadas.

Me pinto un poco más mayor, o un poco más joven.

Me pinto un amigo nuevo y una amante menos.

Me pinto un orgasmo más y un sueño menos.

Me pinto cosas que no pasan, que no son, que no sienten.

Me pinto un sentimiento turbio y una duda.

Me pinto, simplemente, un escudo.

Me pinto un tacón, un naipe, un agujero en culo.

Me pinto todos los saltos, me pinto un vacío en barrena.

Me pinto una cuerda de seda, me pinto una horca de nata.

Me pinto, por no pintarme, por no pintarte los días.

Me pinto un reloj rebelde y una hucha vacía.

Me pinto palabras de genio, regalo de un gran escritor.

Me pinto un gran escritor, que roba rabias de reversos.

Me pinto, por no contarme, por no leerme, no oírme.

Me pinto en luz claroscura, no en color, en luz, que queme.

Me pinto sin ver más allá, del lienzo blanco en que vivo.

Me pinto sustos, me pinto vida.

Me pinto cervezas, me pinto putas.

Me pinto humo y cicuta.

Me pinto misa, ya toca.

Me pinto punto y final.

Lucha intensamente. Lucha tenazmente.

Minientrada

Lucha intensamente. Lucha tenazmente.

Me he dado cuenta de que una sociedad es muy pobre cuando ocurre lo que ocurre aquí. Luchan muy intensamente los que lo hacen por motivos materiales. Pero luchan más tenazmente los que lo hacen por motivos ideales. Es la lucha como medio de obtención frente a la lucha como medio de defensa. La conciencia de esta sociedad está sustentada en materia, no en ideas. Durará tanto como dure la materia, aunque las ideas perduren escritas para siempre.

Ojalá el cambio de conciencia llegue cuando se aúnen en la lucha intensidad, tenacidad, pasión y honestidad.