No.

No saber, no ver, no sentir.

No ser.

No querer, no estar, no oler.

No hablar.

No tener, no saltar, no beber.

No al amar.

No llegar, no perder, no andar.

No esperar.

No poder, no sufrir, no entender.

No vivir.

No, por encima de todo, no querer.

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Eufrates o Éufrates.

Éufrates, siempre me gustó la allanada música de tu simple fluir. Pronúncialo. Tu boca se llena de especias, viajes y sueños: Éufrates.

La palabra me obligaba, me movía y evocaba en mí aventuras y libertades.

Éufrates.

Lejano Éufrates.

Con el tiempo fui siendo libre, moviéndome y emocionándome en el fluir de la vida.

Obligado como estoy desde el primer momento en que saboreé la libertad,

dentro de mí renació Eufrates.

Eufrates, nada sonoro, casi feo al sonar como el graznido de una oca. Nada que ver con el lejano Éufrates.

Eufrates, diciéndome desde dentro que con la libertad no se puede contar como dispensa. Con la libertad hay que vivir, emocionarse, moverse y fluir. A pesar de los embosques y las montañas que encontremos a nuestro paso. A pesar de los errores.

Eufrates, menos sonoro, más redondo el sonido en el alma, me dice que tengo que enseñarle al hombre que vive en el error. Eso es libertad. Elegir sabiendo que uno puede vivir por ignorancia en el error, pero siempre tiene la responsabilidad de cuestionarse las conductas.

Cambié un Éufrates por un Eufrates. No me arrepiento y a él no creo que le importe.

Abismo y eco de ausencia.

Una persona que sale de otra persona alegró a una persona que fue de otra persona y que tuvo a otra persona. Una persona nace. Otra persona lo observa y siente felicidad por la llegada. Esta persona era parte del corazón de otro amigo que tenía parte del corazón de éste. Me dan todos envidia.

Ya no. Ahora siento miedo.

¿Qué será del futuro de la persona que salió ayer de otra persona, y alegró a una persona que fue de otra persona y tuvo a ésta?

Es una lista muy larga de personas.

En ella, antes o después, una persona, expectante y entristecida, buscará a una persona que no llegará nunca, y tendrá su corazón en parte del corazón de otra persona que no depositará parte de su corazón en ésta. Entonces el dominó de la soledad tumbará, una a una, todas las fichas cuyas figuras se componen de negros puntos de ausencias.

Muchas personas eligen la soledad para evitar que la soledad les elija a ellos. Es una manera de ser valiente y un camino directo al abismo.

Así nace la muerte (Perteneciente a “Poemas que queman”).

Me instalo en tu soledad

y nacen brotes de sombra,

siento el frío entre los dientes

el vacío en un latido

y la arena en la boca.

Me instalo en tu soledad y suenan caer las gotas

que habitan un pecho negro,

que salan dulces recuerdos

que matan en nido anhelos.

Me instalo en tu soledad

para morir de tiempo.

Se te escapan lo segundos,

las caricias y los besos.

Se escapa, el tiempo, la vida

desgastada por silencios.

 

Cuanto más me quiten, más voy a dar.

Su cabeza hilaba pensamientos como teje el hilo la araña más hacendosa: “Recibo friamente la noticia. Me bajan el sueldo. Soy como ese maestro que tengo delante con la camiseta verde. Soy como esa funcionaria de correos que está medio borracha en la Plaza de Antón Martín. Soy como esa morena voluptuosa que está indignada, escupiendo hacia los furgones policiales. Soy como ese pobre gilipollas negro, que tenía poco y que mañana va a tener menos. Soy, en realidad, casi como todos estos que tengo delante. Bueno, como casi todos. No soy como ese hijo de puta que está quemando los contenedores. Soy mejor que él. A mí me han quitado.

Cuanto más me quiten, más voy a dar.”

Un instante. El silencio. Agarró su porra y liberó su ira en un golpe con toda la fuerza que fue capaz de descargar, asida su impotencia y estupidez, sobre la cabeza del maestro. Era el que tenía más cerca, porque era la de el que se preocupaba por explicarle que aquella no era la mejor solución a este problema.

El silencio es el grito más fuerte (Shopenhauer). Recordatorio, hoy lo merezco.

Llevo un tiempo acostumbrando mis oídos al vacío. La sospecha y el lamento se comportaban como un ave de rapiña, anidando entre mis recuerdos, escondidos tras las agujas del reloj y rondándome como a la presa moribunda. A la mínima revoloteaban en círculo, planeando sobre mis debilidades, tanteando, apareciendo como el eco que son de un ruido original del que no queda ni la voz ni el mensaje inéditos. Quedaba el eco, no aquel ruido, aquel crujido que me hizo doblar las rodillas.
Llevo un tiempo con la mosca detrás de la oreja.
¿Qué habrá ocurrido para no sentir ya ese estrépito sordo?
Supongo que algo o alguien, que ha permanecido siempre a mi lado desde entonces, ha hecho desistir a estos bichos de cobrarse una presa sencilla.
El silencio ha vuelto a mi cabeza. Es un silencio sosegado y a la vez es un grito lleno de rabia que nace de dentro de mí, para decirle al mundo: ¡Eh! ¡Sigo aquí y estoy entero!
A partir de ahora, buitres y alimañas, estad atentos, no me váis a arrebatar una pizca de recuerdo, de aliento, ni, mucho menos, tiempo por venir

Homenaje a la memoria, al dolor de la valentía, por tener que vivir la derrota.

No olvides nunca, puro metal desgastado,

que late más fuerte el cuero tañido por el plomo,

no por el llanto.

Por eso recuerda intacto el quejido del que vive,

en la memoria amputado, en la vida derrotado

y en lo eterno, muerto nunca, solamente postrado.

Imagen
(Para Theo Francos, desde lo más profundo, donde nacen mis latidos)