Miro y ya he visto

Paramnesia

Los dedos ven cuando besan.

Miro por la ventana. Es la primera vez que lo hago. Vuelvo a ver pasar al cartero. Vuelvo a ver al perro blanco, correteando por la hierba, surcándola con el hocico. Vuelvo a verme en ti, reflejado. Veo una luchadora en lucha. Veo una pensadora ideando. Veo una mujer, sensual y sofisticada. Veo un hombre viejo que camina con cansancio y sin impaciencia. Veo un reguero de agua sucia junto al bordillo. Veo todo por primera vez y ya lo he visto.
Vaya paramnesia.
De nuevo un feliz Déjà vu.

Desde cuándo…

¿Desde cuándo se me escapa la arena entre los dedos? Apretaba tan fuertemente las manos que no sentía cómo se iban quedando completamente vacías.
El problema no era el apretar fuerte las manos, si no el tratar de contener los granos de arena más finos del universo. Son los que proceden de estrujar con manos dubitativas las más firmes creencias. Ninguna de ellas soporta el peso de la duda.
No hay quien conserve así una convicción, hecha añicos de cada uno de los granitos de arena. Partes de la parte. Difícilmente reconocibles.
¡Como para apoyarse en ellas!