Hoy toca hablar de mí…

Me apetece hoy hablar de mí.

Me apetece hablar de cómo me dejo liar de vez en cuando, confiando y apostando más de lo que tengo en la bolsa.

Me apetece ver cómo por ello me llaman indeciso y puede que cobarde.

Me apetece decirle a la cara que el olvido es lo más que merece nadie que traiciona y que menosprecia. Tanto tiempo he tardado en aprender a cuidarme que ahora no dejaré que la mentira se imponga a la calidad de las personas. A partir de ahora te deseo lo mejor, nunca te perjudicaré por el juramento que un día me debí hacer a mí mismo, pero me apetece, me apetece traicionarme, por no saber tolerar tus raras historias que solo tú y a quién tú cuentas parece ser que tenéis claro. Yo no entiendo demasiado bien qué está pasando en realidad.

Me apetece.

Paso, me apetece respetarme. Se acabó. Hoy estoy triste por descubrir la verdadera cara tras la que una vez más te escondes.

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Las luces se apagan…

Creo que algunas estrellas se apagan porque dejamos de mirarlas. Otras más luminosas las ocultan o, simplemente, pierden el interés en ser vistas. Se ocultan. Se dejan apagar poco a poco.

Creo que algunas candilejas dejan de alumbrar porque a nadie le interesa el escenario. Se fijan sólo en el actor. Puede que la rutilante presencia de otro tipo de estrella las oculten. Puede que, simplemente, pierdan el interes por alumbrar. Tal vez se apagaron sin más y sólo sentimos su ausencia en la más absoluta necesidad de sentir que comienza un nuevo acto.

Creo que algunas de las velas de las iglesias exterminan su plegaria entre olores de sándalo y penumbras porque hay pecados vaporosos que consumen todo el oxígeno del templo. Ni siquiera los muy creyentes se fijan en que ya no están encendidas, tan absortos como están en la centelleante imagen del conjunto tilitando.

Supongo que hay un alma desangrada hasta morir tras cada una de las luces que se apagan, dando igual que sea una estrella, una candileja o una pequeña vela en una iglesia.

Hay veces en las que me gustaría saberme reconocido en mi ausencia, por mucho que la luces de alrededor oculten mi presencia o mi falta. No sé, igual simplemente no me encuentro entre tanta oscuridad.