No puede ser buena la prisa…

No puede ser buena la prisa. Cuando veo a estas personas, mareadas y desorientadas, avanzando dos pasos por cada paso dado, y con la sombra cosida del revés, siento desprecio y piedad.
Soy un mendigo.
Huelo mal.
No tengo dinero.
No tengo casa y paso frío.
Casi siempre estoy borracho.
Hace un tiempo decidí prestarle mi brazo a uno de esos cadáveres andantes. Iba haciendo eses por la acera. Creo que lloraba. Le tendí mi brazo y se aferró a él con tanta fuerza que me conmovió. No tengo ganas de nada, salvo en esos casos. Me elevan al altar de los estimados. Me siento útil.
Cada día iba a la misma calle y prestaba mi brazo a la misma persona. Supongo que origen y destino de su camino poco importantes son en esta historia. Al menos para mí así es. Carecen de importacia. Pero cada día las eses eran menos profundas. Me duele el brazo por la presión de sus manos. Me duelen las piernas por tirar de él. Le tengo que tranquilizar continuamente. Le hablo con cariño. Trato de recordar la voz de aquellos que fueron amables conmigo para que él se sienta como yo me sentí entonces. Entonces sentía mi alma al abrigo de todo peligro.
Con el tiempo ha ido mejorando. Camina cabizbajo. No mira salvo el lugar en que pisa y se choca con otras personas y con los objetos que se le cruzan por el caminar. Ahí me resultaba más fácil guiarle. El mismo camino. Un camino sin importancia por su origen y su final. Ahora más sencillo. Sin él no me hubiera sentido tan grande como me hizo sentir el conducirle. Suelo hablarle para que no pierda la humanidad. Supongo que al oírme se siente más reconfortado.
Cada vez está más fuerte y se mueve más rápido. A veces yergue la cabeza. Ya no le hablo tan cariñosamente como antes. No quiero que deje de avanzar. No quiero que dependa de la ternura de mis palabras. Ha de valerse según su propia ternura. Eso sí, le hablo educadamente… le indico, le prevengo. Le doy a conocer lo que de él veo y voy conociendo. Para que no se le olvide que ES y FUE. Será.
Y desde hace poco que ya no necesita ni mi brazo, ni mi guía. Desde hace un tiempo no necesita de mi apoyo, ni mi voz. Va tan rápido… no puedo seguirle sin descoserme la sombra.
Simplemente ya no me atiende.
Ahora las cosas vuelven a estar en su sitio.
Soy un mendigo.
Huelo mal.
No tengo dinero.
No tengo casa y paso frío.
Casi siempre estoy borracho.
 
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