Era cuestión de tiempo…

Se empeñó en cubrir las huellas que iba dejando tras de sí.
No quería que nadie siguiera su camino sin su permiso.
Bloqueó caminos. Preparó dolorosos cepos en los su persona era el cebo. Mantuvo la mirada vigilante y el cuerpo alerta.
Con el tiempo cayó en una de sus trampas y allí permaneció hasta que consiguió soltarse.
Deambuló días, noches, vidas… y no encontró el camino de vuelta.
Un desconocido se cruzó en su camino y le sistió. Cuando le preguntó que por qué no había salido de aquél pequeño matorral para buscar ayuda, comprendió lo ridículo de su existencia en la huída.
Supongo que lo que nos hace grandes no son las empresas que acometemos, si no el ánimo con el que las enfrentamos. Si tu ánimo es constructivo todo se va haciendo más elaborado. Si tu ánimo es evasivo, corres el riesgo de convertirte en una caricatura ridícula de lo que un día fue tu odiado perseguidor.
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