Mantener la mirada.

Hay veces que mirar a los ojos de alguien no provoca más que la huida de su  mirada. Quieren mirarte y contarte con los ojos, pero no se atreven… no les satisface hacerlo justo en ese momento… no te cuentan lo que te quieren contar y todo lo que no se atreven a decirse a sí mismos. Se enfadan, se avergüenzan, se exaltan… o se asustan…
Apartan de tu mirada la suya.
Y cuesta mucho no perseguir una mirada huidiza. Tratando de inferir cariño, seguridad, comprensión… y provocando presión, agobio, ansiedad.
Por eso, algunas veces, conviene dejar que las personas, cuando están tristes, busquen tu mirada a través de las palabras escritas. Que imaginen tus ojos cuando les dicen que lo que les está ocurriendo no es justo, pero que la vida no tiene por qué ser justa. Que tienen que luchar. Que tienen que vivir con amor y con humor la vida. Que tienen que ser firmes a la hora de no regalarle sueños al mohíno reflejo de su imagen en un charco. Que se tienen que querer y confiar en sí mismos, porque valen más que lo que les pasa en la vida. Que todo irá bien. Que todo es posible en esta vida. Que la ilusión mueve montañas. Que el que arriesga pierde un poco y que quien no arriesga lo pierde todo.
Es mejor que te imaginen mirándoles a los ojos mientras les dices que les quieres. Y que sacrificarías parte de lo que te rodea por ayudarles. Porque, verdaderamente, mi caudal está en sus sonrisas, su felicidad, su apoyo y su mirada.
Es difícil ser un hombre de éxito. Pero, qué le voy a hacer… yo lo soy.
He triunfado. Tengo todo lo que quiero y me falta todo, incluso aquello que me queda por alcanzar. Tengo metas, que me recuerdan que esta vida no es más que un tránsito en el que la prevalencia dura lo que dura el recuerdo y el amor. Tengo sueños, que me recuerdan que todo es posible, todo es alcanzable. Tengo experiencias, que me recuerdan que las pérdidas, los errores y las equivocaciones forman parte de ser persona.
Tengo todo lo que puede desear alguien que tiene a alguien como tú a su lado… aunque, a veces, no me sostengas la mirada. Y sé que no es porque estés enfadada conmigo. Más bien creo que es porque tus ojos se centran en las imágenes que te procupan, que te ciegan y encadenan tus ojos al obstáculo, y no al camino que lo evita.
Todo se arreglará.
Tu vida nunca te decepcionará, eso te lo garantizo.
 
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