El silencio es el grito más fuerte (Shopenhauer)

Llevo un tiempo acostumbrando mis oídos al vacío. La sospecha y el lamento se comportaban como un ave de rapiña, anidando entre mis recuerdos, escondidos tras las agujas del reloj y rondándome como a la presa moribunda. A la mínima revoloteaban en círculo, planeando sobre mis debilidades, tanteando, apareciendo como el eco que son de un ruido original del que no queda ni la voz ni el mensaje inéditos. Quedaba el eco, no aquel ruido, aquel crujido que me hizo doblar las rodillas.
Llevo un tiempo con la mosca detrás de la oreja.
¿Qué habrá ocurrido para no sentir ya ese estrépito sordo?
Supongo que algo o alguien, que ha permanecido siempre a mi lado desde entonces, ha hecho desistir a estos bichos de cobrarse una presa sencilla.
El silencio ha vuelto a mi cabeza. Es un silencio sosegado y a la vez es un grito lleno de rabia que nace de dentro de mí, para decirle al mundo: ¡Eh! ¡Sigo aquí y estoy entero!
A partir de ahora, buitres y alimañas, estad atentos, no me váis a arrebatar una pizca de recuerdo, de aliento, ni, mucho menos, tiempo por venir.
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Hoy me encontré a un amigo…

– Déjame decirte que no hay nada como notar la resistencia de tu piel ante mi aliento. Descubrir una caricia del aire cálido que tu dulce cuerpo me devuelve justo en el momento eterno anterior a besarte. Ahí no hay secretos. Me encuentro ante mí misma y ante el mayor reto que nunca he abordado. Déjame decirte que sólo entonces comienza a contar el tiempo. Tu tiempo es mi tiempo.
– No te dejo.
– Déjame decirte que creo en ti y en todo lo que eres capaz de dejar de hacer cuando me quieres.
– No te dejo.
– Déjame decirte entonces que eres inmenso, que tus ojos me miran cuando no estoy contigo y me haces sentir abrazada por tu mirada.
– No te dejo.
– ¿Por qué?
– Porque no quiero sentir a mi lado el vacío cuando me falten tus palabras, y tú estás atada a un pasado ajeno y a un presente secreto para mí. Porque tus ojos dejaron de verme como a un niño. Porque nunca pensaste que yo fuera a ser capaz de ser sin ti. Es tiempo de valientes.

Solos

Todos estamos solos.
Todos nacemos y morimos solos.
Esa es la única certeza. Respiramos solos. Digerimos solos. Amamos solos. Odiamos solos.
No hay que engañarse, vivimos roleados de gente que nace, rie, vive y besa sola.
Y, curiosamente, repartimos nuestra soledad rodeados de personas. Y yo me pregunto ¿qué es estar solo?
La única manera de estar solo realmente es sentirse sólo una posibilidad, no una realidad.
Moriré solo. ¿Y?
La cuestión es que no me siento sólo una posibilidad. Soy la realidad que vive en el corazón de alguien.